
El consumo elevado de azúcar, en particular mediante bebidas azucaradas, guarda relación constante con mayor riesgo de caries, gingivitis y periodontitis, y con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hígado graso no alcohólico y síndrome metabólico, entre 18 consecuencias adversas identificadas. Reducir los azúcares libres representa una estrategia clave de prevención, compartida entre la salud bucal y la general, y los odontólogos, por su contacto periódico con los pacientes, están en condiciones de identificar señales tempranas, educar y acompañar ese cambio dietario.
Ricardo Reyes Archila, Faltan dos, óleo sobre tela, 2017.
El artículo que publica la revista Clinical Oral Investigations * tuvo como objetivos sintetizar la evidencia de revisiones sistemáticas sobre consumo de azúcar y salud, comparar los hallazgos y analizar sus implicancias para la odontología preventiva en el marco del enfoque de factores de riesgo comunes. Los autores partieron de la hipótesis de que una mayor ingesta de azúcares libres y bebidas azucaradas se vincula de manera consistente con efectos adversos orales y generales.
El consumo de azúcar
Desde el inicio de la producción industrial, el exceso de azúcar constituyó un problema relevante de salud pública. Las bebidas azucaradas, en particular, se relacionan con obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hígado graso no alcohólico, caries y periodontitis, vínculos explicados por inflamación crónica, estrés oxidativo, sobrecarga calórica, resistencia a la insulina, menor saciedad y alteraciones de la microbiota oral e intestinal. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la caries afecta al 60% a 90% de los niños en edad escolar y a la mayoría de los adultos, mientras que la enfermedad periodontal alcanza a unos 3900 millones de personas y ocupa el undécimo lugar entre las más prevalentes.
La OMS define como azúcares libres a los mono y disacáridos agregados por fabricantes, cocineros o consumidores, junto con los presentes en miel, jarabes y jugos de fruta; los azúcares propios de alimentos enteros resultan menos dañinos porque llegan acompañados de fibra. La principal recomendación establece un límite inferior al 10% de la energía total, y otra condicional, apoyada sobre todo en la salud bucal, propone bajar del 5%. Aun así, en la Unión Europea la ingesta total ronda los 60 a 120 g diarios.
En odontología, tras la Segunda Guerra Mundial, la higiene con flúor desplazó al consejo dietario como eje preventivo. El enfoque de factores de riesgo comunes plantea que varias enfermedades crónicas comparten conductas modificables, y el azúcar libre constituye uno de los ejemplos más claros. La única revisión "paraguas" o "revisión de revisiones" priorizó desenlaces metabólicos y dejó incompleta la representación de la salud bucal.
Procedimientos del ensayo
Dos revisores independientes rastrearon Epistemonikos, PubMed y Cochrane Library hasta marzo de 2026, con el término "sugar" y sin filtros; el protocolo quedó registrado en PROSPERO y siguió las pautas PRISMA 2020. Fueron elegibles las revisiones sistemáticas, con o sin metanálisis, realizadas en humanos, que evaluaran cualquier desenlace vinculado con el azúcar en sus distintas formas y fuentes. La condición narrativa de la síntesis y la calidad metodológica fue evaluada con el sistema AMSTAR-2.
De 10.593 registros, 633 pasaron a lectura completa, con inclusión de 228 revisiones, distribuidas en 18 categorías. El 68% analizó el azúcar en forma de bebidas azucaradas.
Cada porción diaria de esas bebidas se asoció con un aumento de 13% a 31% en el riesgo de diabetes tipo 2, y cada 250 ml adicionales elevaron entre 19% y 46% el de síndrome metabólico. También surgieron vínculos con gota, hígado graso, hipertensión, accidente cerebrovascular, mortalidad cardiovascular y general, ciertos cánceres, depresión, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, demencia, asma, menor densidad ósea y enfermedad renal crónica. En el plano bucal, el riesgo de caries creció entre 18% y 57%, y el de erosión, 43%.
Opiniones diversas
Los hallazgos coinciden con las recomendaciones de la OMS y con la revisión paraguas anterior, que consideró al azúcar dietario más perjudicial que beneficioso. La evidencia más sólida correspondió a obesidad y diabetes tipo 2; en cambio, cáncer, salud ósea, enfermedad renal, sueño, hígado graso, fertilidad y microbioma oral requieren revisiones de mejor calidad.
Entre los mecanismos propuestos, el exceso calórico explicaría el aumento de peso, potenciado por la escasa saciedad que generan los azúcares líquidos. La fructosa promueve lipogénesis hepática, acumulación de triglicéridos, estrés oxidativo y producción de ácido úrico, que activan respuestas inflamatorias; a su vez, el desequilibrio de la microbiota intestinal favorece la permeabilidad y la liberación de citoquinas.
La hiperinsulinemia podría alterar el eje hipotálamo-hipófiso-gonadal y la calidad espermática, y el daño oxidativo aceleraría el acortamiento de los telómeros. En el cáncer colorrectal, la insulina actuaría como factor de crecimiento celular. El ácido fosfórico de las gaseosas dificultaría la absorción de calcio, mientras que la disfunción endotelial y la inflamación ayudarían a explicar la relación con ansiedad y depresión.
En la boca, las bacterias metabolizan azúcares en ácidos que bajan el pH de la biopelícula por debajo del umbral crítico de desmineralización, y las bebidas azucaradas suman acidez intrínseca. El azúcar favorece además la acumulación de placa y la inflamación gingival, mientras la hiperglucemia deteriora la respuesta inmune.
Los autores consideran que las enfermedades bucales constituyen las consecuencias más tempranas y mejor documentadas del exceso de azúcar, debido a su aparición tras períodos relativamente breves, a diferencia de otras enfermedades crónicas que tardan décadas. Por esta razón, funcionarían como indicadores clínicos precoces de una alimentación inadecuada. Plantean, además, combinar acciones conductuales en escuelas, hospitales, consultorios y lugares de trabajo con medidas estructurales, como por ejemplo impuestos al azúcar.
Alcances de la investigación
La revisión confirma que la ingesta elevada de azúcar, en especial de bebidas azucaradas, acompaña un mayor riesgo de caries, gingivitis y periodontitis, así como de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hígado graso no alcohólico y síndrome metabólico. Los resultados sustentan el enfoque que advierte factores de riesgo comunes: un mismo hábito modificable participa tanto en las enfermedades bucales como en buena parte de la carga de enfermedades no transmisibles.
En un escenario donde la caries afecta a la mayoría de la población, la periodontitis figura entre las enfermedades más frecuentes del planeta con umbrales que ampliamente los recomendados por la OMS. En consecuencia, limitar los azúcares libres por debajo del 10% de la energía total, e idealmente del 5%, adquiere relevancia clínica y sanitaria.
Para los autores, la odontología podría recuperar así un papel que durante décadas quedó relegado frente a la prevención basada en flúor. Dado que los profesionales examinan a sus pacientes a lo largo de toda la vida, pueden reconocer signos iniciales de enfermedades vinculadas con el azúcar antes de que surjan complicaciones sistémicas. La identificación precoz, la educación y el acompañamiento en la reducción de azúcares libres, integrados a la atención habitual, permitirían mejorar la salud bucal y contribuir, al mismo tiempo, a la prevención primaria general. Por lo tanto, restringir el consumo excede la prevención de la caries y se inserta en los esfuerzos integrales de salud pública.
Interpretar con cautela
Los autores reconocen los límites de su trabajo y especifican los principales:
numerosas revisiones evaluaron el azúcar solo como parte de patrones dietarios; es decir, sus efectos podrían reflejar un conjunto de factores asociados, como alimentos ultraprocesados, grasas saturadas, sedentarismo y mayor tiempo frente a pantallas;
al medir con precisión la ingesta individual resulta difícil, la mayoría de las revisiones obtuvo calificación baja o críticamente baja;
la superposición de trabajos primarios entre revisiones no fue cuantificada, las definiciones de exposición variaron considerablemente;
al provenir la evidencia mayormente de datos observacionales, no pudieron establecer causalidad;
varias revisiones declararon conflictos de interés con la industria azucarera o de bebidas y, en el área cardiometabólica, cuatro de las siete en esa situación no encontraron asociaciones;
la búsqueda se limitó a publicaciones en inglés y alemán.
* Clinical Oral Investigations
The oral und systemic health risks of sugar consumption: an umbrella review
J. P. Woelber, N. Wirth, A. Dallmer-Zerbe, C. Tennert
30 de septiembre, 2026
Filiación del primer autor:
Department of Operative Dentistry, Periodontology, and Pediatric Dentistry, Medical Faculty Carl Gustav Carus, Technische Universität Dresden, Dresden, Alemania.
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