
Por Ana Castro, médica redactora especializada, Universidad de Buenos Aires, Argentina
Los beneficios de los suplementos o dietas ricos en fibra ingeridos por personas con enfermedad celíaca pueden depender de la presencia adecuada de las bacterias instestinales que intervienen en su degradación.
Muchos pacientes celíacos consumen más fibra para favorecer la digestión y controlar los síntomas, sea a través de la dieta o por medio de suplementos de fibra recetados.
El artículo publicado en Nature Communications * revela que las personas con enfermedad celíaca presentan una capacidad significativamente reducida para metabolizar la fibra dietética en el intestino delgado. La causa, según el estudio, radica en la ausencia de Prevotellaceae en condición de organismo contribuyente a la recuperación intestinal y regulación de la inflamación.
Evolución de las hipótesis
El hallazgo abarca tanto a las personas con diagnósticos recientes como a las que durante años controlan la enfermedad celíaca mediante una dieta sin gluten. La falta de bacterias del intestino delgado como las Prevotellaceae, familia bacteriana clave para la degradación de la fibra, ocurriría por alteraciones persistentes del microbioma vinculadas a la propia enfermedad, y no solo a la dieta.
Los autores reconocen que inicialmente el problema radicaba en el consumo insuficiente de fibra. Luego, supusieron que quizás carecían de las bacterias adecuadas para aprovechar la fibra ingerida. Por último, advirtieron que añadir más fibra no sería la solución a menos que se corrijan los problemas subyacentes relacionados con su utilización.
La enfermedad celíaca es un trastorno en el que el consumo de gluten provoca inflamación en el intestino delgado. La dieta estricta sin gluten representa el único tratamiento actual; la centralidad terapéutica adquiee un papel relevante puesto que las investigaciones señalaron que la sola eliminación del gluten no restaura completamente la capacidad funcional de la microbiota intestinal. En consecuencia, los autores consideran posible que las futuras terapias combinen estrategias dietéticas entre las que destacan la restauración microbiana o los probióticos específicos, con enfoques dirigidos al microbioma.
Los hallazgos del estudio también sugieren que deberían favorecer la microbiota intestinal; la recomendación surge a aprtir de las observaciones de actividad reducida en el procesamiento de la fibra en la parte superior del intestino, zona afectada por la enfermedad celíaca.
Los autores del estudio muestran sorpresa porque tradicionalmente tal segmento intestinal no fue considerado un lugar importante para el metabolismo de la fibra.
La novedad aviva la necesidad de combinar estrategias dietéticas, como la adición de fibra con probióticos que puedan metabolizarla.
Diferencias entre fibras
La utilización de modelos preclínicos permitió a los investigadores analizar qué tipos de fibra son realmente beneficiosas para la salud intestinal. Descubrieron que la inulina presente en alimentos como los plátanos, la raíz de achicoria, el ajo y las cebollas, aceleraban la curación de las lesiones intestinales inducidas por el gluten al alimentar la microbiota del intestino delgado. El resultado en la dieta solo lo alcanzaron las fibras adecuadas.
Otra fuente de fibra, Hylon VII, un tipo de almidón resistente derivado del maíz por lo general usado en la industria alimentaria, no afectó al microbioma ni promovió la curación de la misma manera que la inulina.
La comparación indicaría que el tipo de fibra (no solo la cantidad), puede ser importante para las personas con enfermedad celíaca.
Para verificarlo en pacientes, los investigadores recolectaron líquido del intestino delgado de tres grupos:
recién diagnosticados con enfermedad celíaca, personas que habían seguido una dieta sin gluten durante más de dos años y controles sanos. Evaluaron el microbioma de las muestras para determinar qué bacterias estaban presentes y si portaban los genes necesarios para descomponer diferentes tipos de fibra. Compararon los hallazgos con la ingesta estimada de fibra dietética de los participantes y con mediciones de ADN vegetal en las heces, lo que proporcionó un marcador objetivo de las fuentes de fibra en la dieta.
Los resultados mostraron que la mayoría de las personas, incluyendo a los controles sanos y a los pacientes celíacos, consumieron menos fibra de la recomendada por Health Canada, entidad que recomienda entre 25 y 38 g de fibra al día para mujeres y hombres sanos, respectivamente. Sin embargo, los pacientes celíacos recién diagnosticados y los tratados con la dieta sin gluten, mostraron una combinación de baja ingesta de fibra y deficiencia de bacterias. Es decir, la salud intestinal en la enfermedad celíaca requiere una táctica simbiótica que contemple la fibra y las bacterias adecuadas para el intestino delgado.
Antes de formular recomendaciones clínicas, los autores proponen realizar nuevas investigaciones para comprender mejor y determinar cómo la restauración de fibras y microorganismos mejorarían los síntomas, la curación y las respuestas al tratamiento.
* Nature Communications
Small intestinal microbial fiber metabolism dysfunction in celiac disease
M Wulczynski 1, M Constante 1, H J Galipeau 1, J-J Blom 1, G H Rueda 1, N El-Chaar 1, D K Superdock 2, S Jiang 2, L A David 2, J A Murray 3, M G Surette 1, D Armstrong 1, M I Pinto Sanchez 1, P Bercik 1, A Caminero 1, E F Verdu 1
31 de marzo, 2026
https://doi.org/10.1038/s41467-026-70644-4
Filiación de las autoras/es:
1- Farncombe Family Digestive Health Research Institute - McMaster University, Hamilton, ON, Canada.
2- Department of Molecular Genetics and Microbiology, Duke University School of Medicine, Durham, EE.UU..
3- Division of Gastroenterology and Hepatology, Mayo Clinic, Rochester, EE.UU..
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