DESVENTURAS DE UN DIESTRO CON BRAGUERO

«El día que me quiten la puñetera hernia, me como el mundo...»

De Toreo de Salón. Farsa con acompañamiento de clamor y furia, por Camilo José Cela. Lumen, Barcelona: 1963. El subtítulo, en el texto que reproducimos, ha sido agregado por la redacción de Salud (i) Ciencia.

   
   

El toreo de salón vendría a ser un simple simulacro de la Fiesta aunque, según Cela, más meritorio que ella. «Decir "-pasa, toro!" a una silla que se queda quieta es mucho menos normal», afirma el autor de La colmena, «que decírselo a un toro que, a lo mejor, pasa tan de prisa que no da tiempo ni a terminar de decírselo.»

«El joven con cara de inflagaitas (obsérvense sus carrillos) tiene una irrefrenable vocación de fuerza viva. Tan esto es así que –juez y causa– se viste de torero y se retrata bajo la insignia de la autoridad. Y con empaque de autoridad: el cuerpo ligeramente ladeado, la mano en la rodilla, el otro pie delante y el mirar entre consentidor e inquisitivo. Entornando los ojos, el letrerito que dice Autoridad con el que se aureola la testa, semeja el aro de alambre que usan los imagineros para nimbar de santidad a los santos de cartón piedra y escayola [yeso] de la procesión. El joven con cara de lechuguino (obsérvese su ademán) duda entre la palestra y el solio y, puesto a elegir, opta por quedarse con los dos. Así se acaba antes. Pancho Villa, en análogo trance, hizo lo mismo y las historias hablan de él con respeto. A nuestro joven le dicen Obdulio, quienes le tratan; Obdulio Pimentel Gutiérrez, que es nombre de procónsul, si se sabe pronunciar con énfasis, o de consumero, si no se acierta a decirlo sino a la pata la llana y como salga. Al Obdulio Pimentel Gutiérrez, en el mundillo del toreo de salón le llaman Niño de la Categoría II, en recuerdo de su medio pariente Isidro Otero, Niño de la Categoría, que obtuvo muy justo renombre como matador de novillos. Este Isidro Otero, Niño de la Categoría, no debe confundirse con el también matador de novillos Isidro Otero Roca, natural de Betanzos.

UN TORERO CON HERNIA
El Obdulio Pimentel Gutiérrez, Niño de la Categoría II, padece de hernia, lo que no le permite progresar en el arte sino con mucha lentitud; su vecina doña Andrea, que gasta peluca y que tiene un hijo empleado en las pompas fúnebres (el Abelardo, que cuando era imitador de estrellas se firmaba Palomita de Carcagente), le está buscando recomendación para que le operen de balde en el hospital. El Obdulio Pimentel Gutiérrez, Niño de la Categoría II, piensa comerse el mundo por los pies, en cuanto le quiten la hernia. ¡A mí me hubiera gustado ver a Manolete con hernia! –solía decir– ¡Ya veríamos si hubiera sido el mismo! El Obdulio Pimentel Gutiérrez, Niño de la Categoría II, no lleva su hernia con resignación. El Obdulio Pimentel Gutiérrez, Niño de la Categoría II, lleva su hernia con un braguero de confección casera que le hizo la mamá del funerario con un duro de plomo [N. de R.: es decir, con una cantidad de plomo del valor de cinco pesetas] y unos tirantes de su difunto marido. ¡El día que me quiten la puñetera hernia, me como al mundo! -Como hay Dios, que me como al mundo y no dejo ni el rabo!


Un torerito muy majo, que aparece en el libro de Cela. La editorial aclara que las fotos no guardan relación alguna con las personas citadas en el texto por el último premio Nobel español.


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